Hace un tiempo escribí unas líneas satíricas sobre el término «situationship». No fue un escrito muy extenso ni profundo, era pura mofa. Pero se me han aparecido nuevos términos relacionados con la temática que ya se unen a otros de uso consolidado. Yo los trataría abiertamente como la nueva jerga de los gilipollas, pero quizás sea muy ofensivo y directo para gente que únicamente busca esconder tras palabras huevas y modernas un vacío interior que intentan proyectar en los demás lanzando difamaciones pseudo-psicológicas.
No son términos que describan realidad alguna, son palabros acuñados y profusamente utilizados por personas que buscan obsesivamente categorizar y encasillar conductas completamente normales e, incluso, positivas, en un lodo semántico que únicamente revela los profundos problemas de la persona que los aplica. En algún caso, dichos palabros -casi siempre en inglés- eran remotamente descriptivos y más pretenciosos que efectivos, pero no se mostraban tan difamatorios. Ahora ya si. Lo cual hace sospechar dos posibilidades:
1- Forman parte de un programa de introducción semántica progresiva que busca, precisamente, patologizar conductas normales. Se empieza por términos razonables y se termina por hacer categorías de comportamientos normales como si fueran propios de torturadores de perritos.
2- Los términos aparecen y progresan conforme los problemas de las personas que los utilizan se hacen cada vez más marcados y evidentes. Conforme avanza el malestar psicológico de las personas que se refugian en esos palabros, los palabros se vuelven cada vez más difamatorios y absurdos, para intentar ocultar que el problema está en el emisor, no en en receptor.
Incluso podrían ser ambas a la vez, algo programado y ofrecido oportunamente por RRSS a personas concretas en tiempos cada vez más críticos y de cada vez mejor bienestar emocional y psicológico. Vaya, como darle cada vez a una piedra más grande a un mono cada vez más enfadado.
Así vemos que se empezó a utilizar términos como «red flag» hacia rasgos de personas que son externos a nosotros. Y, sinceramente, lo que diga Pedro de Juan, dice más de Pedro que de Juan. Si se comienza a tratar como «tarjeta roja» -ósease, una infracción- el que una persona sea divertida, tenga una opinión determinada sobre un tema o tenga un Android, es que la persona que lo aplica cree implícitamente que pone las normas a los demás y puede juzgar y valorar conductas neutras como negativas porque ese día no ha cagado. Mala señal, especialmente porque suelen provenir de perfiles de personas que no toleran ningún tipo de juicio de los demás, pero creen poder fijar juicios y valores con «tarjetas rojas». No lo voy a negar, yo entro también en se juego, si escucho a alguien utilizar la palabra «red flag» hacia otra persona, ya sé que es mejor mandarla a tomar por culo. Es algo así como cuando una persona que huele a incienso y a canuto habla de «personas tóxicas». Ya sabes que el veneno proviene de esa persona, pues solamente alguien así puede tratar de tóxico a otro ser humano por conductas corrientes. Porque jamás una persona que habla de «gente toxica» lo dice refiriéndose a un asesino, a un narcotraficante o un asaltaviejas, siempre aplica el término a un señor que le abre la puerta a una señora o cosas así. Absurdos que intentan ver en la cortesía y en el bien, el mayor de los males. Porque de eso se tratan esos términos, de invertir y de patologizar. Y me centraré en término visto en los últimos meses. Algo llamado «love bombing».
Os lo resumo, esa chorrada de término se aplica por norma general a hombres heterosexuales que ofrecen sus mejores atenciones a una mujer. Porque la atención emocional, invertir tiempo, conversión, recursos económicos, regalos y toda clase de atenciones, es «bombardear». Jódete y baila. Hay muchas cosas graciosas es ese término. Primero, que siempre se aplique a hombres heterosexuales. Y no es casualidad, porque lo aplican mujeres. Y no es misoginia, no lo digo con odio. Con odio se le dice y desprecia a un hombre que intenta agasajar a una señorita, lo de «love bombing». Pero vaya, tiene su interés porque es lo mismo que decir que a ningún hombre se le ha ocurrido pensar que cualquier obsequio o atención de una mujer es sospechoso y negativo. Vaya usted a saber si es porque en la dinámica heterosexual, mucho avance y mucha broma, pero el macho sigue regalando abalorios brillantes y danzando para la hembra mientras la hembra no hace ni el huevo. Pero con el agravante de que ahora la hembra no hace ni el huevo pero señala al macho por mostrar iniciativa y atención.

No sé, no dudo que hayan hombres que intenten ganarse la confianza de una mujer con atenciones y regalos para obtener una cosa concreta, pero eso no habla de nada más que de la incapacidad de muchas personas de identificar a manipuladores y personas sin moral. Siempre han habido tipos sospechosos en las puertas de los colegios regalando caramelos, pero no creo yo que mi abuelo me diese chucherías más que porque me quería. Es más, siendo un niño, no recuerdo compartir caramelos más que por amistad o por ser la niña que me gustaba. Es lo que tiene el ser humano, nos gusta ser generosos con aquellos que nos gustan y con aquellos a los que amamos. Siempre. El amor es así, desprendido y generoso. Y poner en sospecha e, incluso, intentar patologizar, las conductas más puras que tiene el ser humano porque hay algunos que utilizan las mismas formas para ser predadores, habla mal de la persona que es incapaz de entender que el mundo no está lleno de bastardos con dobles intenciones. A veces, las más, el niño que te dio una nube de caramelo en la escuela, quería gustarte porque le gustabas. Solo quería ser bueno para ti. No buscaba robarte la mochila. Es algo que algunos deberían entender y empezar a hacérselo mirar. No se puede estar ansioso y deprimido por la soledad y luego jugar a juzgar como a un criminal enfermizo a otra persona que únicamente pretendía darte atención. Corrijo, se puede, pero entonces la depresión y la soledad te la estás ganando a pulso, imbécil.
Hay que recordar que el mundo no está hecho para nosotros ni ponemos las normas. Especialmente en unos tiempos en que los mimbres de la sociedad se mantienen porque mientras un sector está en modo «mi ombligo, mi mundo, mis normas», otro aguanta todo el sistema sobre sus hombros para no partirle la cara al primer sector. Y es difícil requerir atención, negarse a darla y, también, señalar como a un criminal a quien te la da. Bueno, no es difícil, lo hacen muchos, pero es lo realmente patológico.
¿Queréis que os revele un secreto? Yo no muevo un dedo por alguien que no me gusta. ¿Sabéis por qué? Porque soy egoísta. Y, precisamente, por ser egoísta, no voy a invertir recursos en dar atención a nadie que únicamente puede ofrecer una cosa. Y esa cosa me desinteresa casi tanto o más que la persona. Lo que buscamos tanto los egoístas como yo, como las personas normales, es que nuestra atención por las personas que nos gustan o amamos, sea correspondida. Y si no puedes corresponder, dilo, ni «love bombing» no pollas, el problema lo tienes tú que necesitas culpar a los demás de tus problemas de confianza, de tus inseguridades y, peor, de tu incapacidad para amar. Pero si queréis, os lo digo de la forma que entendéis, no se trata que los demás hagan «love bombing» es que muchos estáis en lo de «shit being».
PD: Mundo moderno de mierda.
Últimas entradas